28/3/16

¿Hacia la refundación de la Unión Europea?. En torno al informe de los cinco presidentes.


Daniel Albarracín Sánchez[1]
Economista y Dr. en Sociología
Enero de 2016
XV Jornadas de Economía Crítica. 10, 11 y 12 de Marzo de 2016. UCM

Resumen:
Nos proponemos examinar la situación del proyecto de la UE a la luz de los recientes acontecimientos en Grecia, el largo estancamiento económico en el continente, y las perspectivas de refundación que plantea el Informe de los Cinco Presidentes. Asimismo, estudiamos los impactos en el presupuesto europeo. El artículo, finalmente, plantea la necesidad política de una propuesta de transformación internacionalista en aras de hacer frente al proyecto de recentralización neoliberal de Estado de carácter austeritario que parece que va a profundizarse en los próximos diez años.
Palabras clave: Economía europea, Informe de los Cinco Presidentes, Juncker, Presupuestos de la Unión Europea, Neoliberalismo de Estado.
Clasificación JEL: Macroeconomía, Sistemas Económicos, Economía internacional, Economía pública.
Área temática: Economía Europea
Abstract:
We intend examining the EU project situation after the recent events in Greece, in the middle of a long term economic stagnation in the continent, and the refoundation's perspectives posed by the Five Presidents's Report. Furthermore, we analyse the changes in the European Budget. The paper, finally, proposes the political need of an internationalist change in order to fight the State's neoliberalism which is going to be deepened in the next ten years.
Key words: European Economy, Five Presidents' Report, Juncker, EU Budget, State's Neoliberalism
JEL Clasification: Macroeconomics, Economis Systems, International Economy, Public Economy
Topic: European Economy.




¿Hacia la refundación de la Unión Europea?. En torno al informe de los cinco presidentes.
Towards the European Union refoundation?. On the Five Presidents' Report.
La presente contribución emana de tres experiencias vividas por el autor y que le facilitan una mirada singular para su desarrollo. En 2015 he tenido la oportunidad de comenzar mi trabajo como consejero político en el Parlamento Europeo, asesorando en las comisiones de Presupuestos y de Control Presupuestario de la UE, actividad que me ha permitido tener una perspectiva global sobre los programas y proyectos europeos y el esquema del origen de los recursos y de sus destinos en el marco de las competencias presupuestarias de la Unión. En segundo lugar, he podido asesorar a eurodiputados en materia de economía europea, y presenciado los desarrollos e iniciativas internacionales que se están forjando. En tercer lugar, y especialmente, he tenido el privilegio y el honor de formar parte de la Comisión de la Verdad y Auditoría de la Deuda pública griega, trabajando con un equipo de analistas y activistas formidable, al amparo del Parlamento heleno, y dirigido por el eminente Eric Toussaint (2015). Este trabajo así, cruza una aproximación analítica propia del investigador social con tres observaciones activas en directo. Se aproxima a la dimensión europea desde la inquietud política de la previsible refundación de un proyecto de las clases dirigentes para establecer un espacio económico ordenado, en el que las políticas de Neoliberalismo de Estado(s), protegido por un nuevo impulso autoritario, se abre camino. Estas iniciativas están recorridas de tensiones y obstáculos de las que debemos dar cuenta.


1. Neoliberalismo de Estado.
Conviene referirse al modelo de "Neoliberalismo de Estado", como modelo de gestión económica predominante. En efecto, tenemos que recordar que la política económica seguida recientemente no responde a los postulados neoclásicos tal y como habían sido preconizados desde la academia y adopta un formato propio en la práctica. Si bien el neoliberalismo aplicado comparte su obsesión por el ajuste salarial, la erosión del alcance de los servicios públicos generales y el recorte de los derechos sociales, en aras de vehicular medidas proclives al restablecimiento de la tasa de beneficio, incumple otros preceptos clásicos de esta escuela.
Así, de esta manera, nos vamos a encontrar con que la política monetaria del BCE ha sido ultraexpansiva en términos históricos –aunque durante años de manera comparada no lo fuera en relación a la política de la Fed o el Banco de Japón-, y sigue profundizándose esta línea –con efectos que serán más notables con el cambio de tendencia en los tipos pautados por la Reserva Federal-. Ni que decir tiene que el modelo expansivo de la política monetaria ha sido bien singular. El diseño y comportamiento del BCE ha contribuido a facilitar confianza en los mercados interbancarios, regular con flexibilidad las prácticas bancarias[2], e inundar de crédito a la banca, y antes de la crisis al conjunto de la economía generando un inmenso volumen de deuda y titularización financiera. Mientras, renunciaba a ser prestamista de última instancia, se le negaba la opción directa de financiar al sector público. No ponía los medios de regulación necesarios de los productos y de los parámetros de funcionamiento bancario para conducir la creación de deuda y dinero bancario que financiarizaba la economía en su momento. O, cuando se agotaba el ciclo y se cortocircuitaba la financiación no se aplicaban medidas para garantizar la función social del crédito, de tal modo que la enorme liquidez sólo tapaba los agujeros de insolvencia de la banca sin llegar al ciclo del capital productivo. En suma, el modelo seguido se veía entrampado en la liquidez (Keynes, 1947: 201-202). El establishment se amparaba en el prejuicio de fiarlo todo al sostenimiento de toda la economía a través del sistema financiero, favoreciendo a las grandes corporaciones financieras privadas. Esta experiencia, conviene advertirlo, plantea un reto para dilucidar qué modelo de política monetaria expansiva se defiende, pues, como vemos, hay diversos diseños y aplicaciones. En particular, el practicado tiene poco que ver con las propuestas preconizadas y las consecuencias buscadas por cierto keynesianismo ingenuo[3].
El modelo de los manuales dista mucho del que se encuentra en vigor. El que se aplica en la práctica sigue una dinámica ya conocida a largo plazo. El desarrollo capitalista –más allá de sus diferentes formaciones sociohistórico concretas y de sus fases- ha consistido en una articulación complementaria entre la liberalización y extensión del mercado, regido por la lógica rentabilista, y una presencia creciente del Estado. Nunca jamás tuvo tanto peso el Estado y nunca jamás se globalizó tanto la lógica de la mercancía en las sociedades humanas (Albarracín, D.; 2012). Al igual que hubo en su día, y puede haber, modelos de mercado sumamente distintos al rentabilista, el Estado dista mucho de un idealizado modelo público proveedor de derechos y garantías. Así, la presencia del Estado capitalista moderno ha operado para ordenar el funcionamiento de los mercados, respaldar las inversiones capitalistas para minimizar sus riesgos, subvencionar al capital y abaratar sus costes fiscales y laborales, así como para rescatar a las grandes corporaciones en bancarrota cuando ha sido preciso. En esta fase, adicionalmente, los poderes públicos además han emprendido una decidida política de socialización de pérdidas y deudas privadas, lo que ha contribuido a un crecimiento del gasto y el déficit público así como a una austeridad severa en los servicios públicos y derechos sociales, formando un lastre de grandes proporciones para cualquier dinamismo económico o para la justicia social.

2. La Unión Europea: un entramado institucional frágil e incompleto superado por una crisis larga y compleja.
Corren tiempos en los que el establishment europeo zozobra viéndose cuestionada su legitimidad. Las clases dirigentes tratan de reestablecer su dominio poniendo en pie un proyecto, el informe de los 5 presidentes. Este proyecto se inicia en medio de un ciclo largo de estancamiento o recesión, de desplazamiento de los polos de gravitación del mercado internacional, de subordinación política de la UE, de grandes fenómenos de movimiento forzado de personas por los conflictos bélicos circundantes, y de ascenso de fuerzas de extrema derecha (Frente Nacional en Francia), nacionalismos insolidarios que aspiran a refugiarse en sus banderas y fronteras (Hungría, Reino Unido, países escandinavos…) y, por otro lado, fuerzas emergentes populistas y gobiernos populares que, cuanto menos ofrecen objeción a la rutina gestionaría del Neoliberalismo de Estado de las últimas décadas. El establishment, así, se atrinchera en un proyecto de “extremo centro”, en los términos que han venido caracterizando Tariq Ali (2015) o Perry Anderson[4] recientemente, soportado por las bases sociales acomodadas de los países del centro y norte, y las oligarquías tanto centrales como periféricas europeas. El enquistamiento del proyecto europeo para una Europa del capital, se sintomatiza con la crisis de la deuda[5] y del euro y con la posible salida de algunos países. Así pudo suceder con Grecia respecto a la eurozona, por la periferia, y lo que se dirime pronto en Reino Unido, en un país rico, respecto a su relación con la UE[6]. También encuentran un límite claro las iniciativas de expansión geocomercial, sea bien porque otros grandes mercados regionales profundizan sus lazos de liberalización mercantil (Tratado Asia-Pacífico); sea bien porque la expansión del club de países que integrarían la UE observa por el Este su confín[7]. Estos elementos críticos han puesto sobre la mesa la urgencia para las élites de reinventar la Unión Europea, para aplicar un modelo económico y político consistente para sus intereses.
Asistimos a una tensión entre un modelo intergubernamental de relaciones selectivas y profundamente asimétricas –lideradas por los países centroeuropeos-, con una institucionalidad europea que ha federalizado algunas competencias y recursos. Las relaciones económicas europeas de ese modelo intergubernamental –en gran medida opaco, de una dimensión económica y política de mayor envergadura y relevancia que el mismo marco institucional reconocido en los tratados europeos- contribuye a afianzar una Europa a varias velocidades, conjugable con la configuración de un mercado flexible en un espacio de libertad de movimiento de capitales[8]. Este modelo se configura con su jerarquía implícita y un esquema de chantaje económico permanente. Lo hace estrechando los lazos financieros y comerciales de dependencia ocasionando subordinación política, inclusive al interior del entramado de oligarquías que lideran cada país. Oligarquías que a su vez explotan a sus respectivos pueblos. Pues bien, a pesar de estas políticas que consiguen disciplinar a los diferentes gobiernos, y de los numerosos acuerdos de coordinación existentes –sean por caso, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento[9] y el esquema de gobernanza económica del Semestre Europeo (inaugurado en 2011)-, se está lejos de un funcionamiento eficaz, un cumplimiento generalizado, y menos aún de superar las contradicciones y límites a la acumulación y la hipertrofia financiera (Albarracín, J.; 2010).
Hasta la fecha la Unión Europea combina un esquema federal de mínimos con el desarrollo de una serie de acuerdos intergubernamentales. Hasta ahora estos esquemas han sido complementarios, pero la situación apunta a la necesidad de una institucionalización más eficiente y coordinada de las políticas e instituciones forjadas hasta el momento. Sólo un modelo que federalizase aspectos clave de la política económica lo haría posible. Las competencias y recursos federalizados hasta ahora son menores, y la mayor parte de las políticas siguen consistiendo en confiar en la coordinación indirecta de las políticas de los Estados miembro. Los instrumentos de política económica de la Unión son incompletos, al contar apenas con la política monetaria y aspectos de supervisión financiera. Sigue sin contar con las dimensiones fiscales y de gasto que, como decimos, a lo sumo sólo se guían en su orientación general a través de indicadores de resultado, a través de muy discutibles criterios de convergencia nominal, que, por otro lado, se cumplen desigualmente. De tal manera que, ante el fracaso y el corto alcance de este esquema, no es de extrañar la apertura de un proyecto que procura federalizar un esquema económico más completo que afianzaría la orientación hasta ahora establecida.

3. El informe de los 5 presidentes
Este informe, redactado por el Presidente de la Comisión Europea (Jean-Claude Juncker) con la colaboración del presidente de la Cumbre del Euro (Donald Tusk), el del Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem), del BCE (Mario Draghi) y del Parlamento Europeo (Martin Schulz), consiste en un plan con tres fases (la primera en marcha desde Octubre y hasta 2017) que se prevé para 10 años, con el objeto de“dar coherencia al proyecto europeo”.
El agotamiento de la eficacia de la política monetaria del BCE, llevada hasta sus extremos en lo que se ha denominado flexibilidad cuantitativa, y el contexto de inestabilidad financiera, estancamiento económico, tendencias deflacionistas, parece requerir un soporte de política económica para que los Estados estén en condiciones de hacer frente a una gran crisis bancaria. En este sentido, el Informe propone un modelo más desarrollado de Neoliberalismo de Estado, esta vez recentralizando y federalizando competencias adicionales en Bruselas. Con el objetivo soterrado de hacer frente a una próxima bancarrota financiera, y con el fin explícito de revitalizar el espacio y acumulación económica europea, procura completar los instrumentos de política económica para las instituciones europeas –sumando un proyecto fiscal y de supervisión bancaria que respalden la política monetaria ahora en manos del BCE-, e integrar acuerdos e instrumentos intergubernamentales de gran importancia en los Tratados europeos. Este proyecto, junto al TTIP –que sería el proyecto mercantil hacia el exterior que refundaría la estrategia mercantil de Europa en el mundo-, sería una auténtica refundación al interno de la UE, de una relevancia igual o superior al Tratado de Maastricht. Si el TTIP y el CETA representan la política comercial hacia el exterior, el Informe liderado por Juncker (2015) perfila la política económica que viene hacia el interior de la UE.
Se inspira en las teorías de los “Estados Unidos de Europa” que han esgrimido anteriormente personajes como Schaüble o Soros, consistente en desprenderse de la falta de agilidad y eficiencia de una institucionalidad lastrada por peso excesivo de los Estados Nación. Se trata de dar un salto favorable a la acumulación capitalista y la recuperación de la tasa de rentabilidad mediante la subordinación del papel de los Estados Miembros para, con una institución europea más reforzada y engrasada, gestionar mejor el aprovechamiento de los mercados disponibles, incrementar la tasa de explotación del trabajo y reducir la interposición de la soberanía popular o la democracia nacional. De tal manera que se perseguiría reducir el riesgo de aparición de gobiernos desobedientes, con medidas que tratan de dar respuesta a la fortísima crisis financiera que atraviesa a Europa.
En fin, a la consagrada política monetaria (moneda única, un banco central proclive al control de la inflación[10], que soporta primordialmente al sistema financiero privado), y a la gobernanza económica (control del déficit público, diferentes tratados intergubernamentales), se le van a complementar otras esferas de intervención recentralizadas en Bruselas.
Así, procura racionalizar las políticas europeas para potenciar la competitividad y rentabilidad, recentralizando las diferentes iniciativas intergubernamentales en los Tratados e Instituciones Europeas, afianzando su orientación neoliberal con el abrigo y ordenación de las instituciones europeas. Vale decir, reduciría las asincronías o diferencias de gestión en los diferentes países en referencia a la gobernanza económica establecida hasta ahora, orientada principalmente por los acuerdos y pactos posteriores al Tratado de Maastricht y de Lisboa, que establecían el control del déficit público, como pretexto para aminorar el peso de los servicios públicos, los derechos sociales y las garantías sociolaborales.
Al informe no se le escapa la tarea de racionalizar la arquitectura de la política económica europea, hasta ahora coja de competencias y siempre dependiente de la gestión de los gobiernos. Hasta la fecha ostentaba la política monetaria, la gestión del limitado presupuesto europeo y la regulación mercantil supranacional. Con este informe trata de dotarse a la UE de instrumentos más eficaces para coordinar la política fiscal, de gestión macroeconómica, de supervisión bancaria, y de regulación de los mercados de capitales.
No se le escapa tampoco incluir medidas para gestionar la austeridad laboral y de derechos. Para ello incluye un sistema de autoridades de Competitividad nacionales, coordinado a escala europea, no sólo encargado de hacer cumplir los objetivos de déficit público y “equilibrio macroeconómico", sino también de establecer pautas para la política salarial -lo que dejará el principal aspecto de la negociación colectiva fuera del alcance de los actores sociales-. Detrás de ello, juega la hipótesis de primar la estabilización del sistema financiero, como vehículo de la inversión.
El proyecto del Informe de los 5 presidentes aborda así diferentes campos e instrumentos que se refuerzan entre sí. Los principales consisten en un refuerzo de las políticas de ajuste, tratando de dotar a la Unión Europea de mecanismos que agilicen la eficacia de la gobernanza económica, con mecanismos de coordinación y regulación efectiva de la política fiscal, presupuestaria y salarial a nivel nacional. Hasta ahora la política macroeconómica ha estado orientada en una línea parecida. El marco del Sistema Euro empuja estructuralmente a una devaluación fiscal y salarial (Gutiérrez, E. et al., 2012), el control del déficit aboca a una moderación de las políticas sociales, los servicios públicos y la protección sociolaboral, y la política monetaria y de rescates amparaban al sistema financiero privado. Pero la gestión de esta política estaba siendo asincrónica, aplicada en grado diferente e incumpliendo los ritmos que se habían exigido, en tanto que la mayor parte de las competencias se encuentran en los Estados Miembros. El capítulo de Unión Económica del informe persigue dotar de refuerzo a la política del Banco Central con una particular modalidad de unión fiscal. Este esquema no prevé inmediatamente un Tesoro único, aunque sí para la última fase de su desarrollo. Si bien, como vemos, si plantea abiertamente una armonización de reglas bajo el manto de una política macroeconómica neoliberal. Las reglas de esa unión fiscal no implican un incremento de la presión fiscal en Europa, sino una reordenación de los recursos propios de la Unión, para que al mismo tiempo que se incrementan los recursos del presupuesto europeo, se reduzca la presión fiscal en la misma medida en los Estados.
La Unión Presupuestaria planteada que intenta centralizar en Bruselas mayores recursos en detrimento de los presupuestos nacionales, plantea asimismo un mayor control presupuestario de los países miembros. Si alguien estuvo tentado de reducir los déficits públicos por la vía de incrementar los ingresos públicos mediante un esquema progresivo, se verá frustrado. Se impedirá un incremento de la progresividad y cualquier presión fiscal redistributiva, que sólo podrá aprobarse desde el Consejo, a tal punto que el eje central para minorar los déficits públicos se focalizará en el lado del gasto. Este control supone restar competencias a los parlamentos y gobiernos nacionales, centralizando paulatinamente en Bruselas la determinación de la política fiscal y presupuestaria. Esta unión presupuestaria, podría conducir finalmente al establecimiento de un Tesoro Único, en el que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE, establecido en 2012, y que sucedería al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, movilizando hasta 700.000 millones de euros, mediante 80.000 euros de capital desembolsado) sería su precursor. También se reforzaría el papel director del Eurogrupo (hasta ahora intergubernamental, y que tenía un carácter no oficial) y entraría como institución dentro de la UE.
Debemos relacionar el anterior capítulo con el que viene a denominarse Unión Financiera. Este incluye diferentes iniciativas. Una de las más relevantes es la introducción en los Tratados europeos del MEDE. Este fondo de rescate bancario se constituyó como un fondo-instrumento intergubernamental para intervenir en economías periféricas insolventes. Se las exige a cambio de liquidez duras condicionalidades en su política macroeconómica que garanticen tanto la devolución sostenible de su deuda como el cumplimiento de las políticas de ajuste, bajo la amenaza de cortocircuitar a economías que, como la griega, estaba asfixiada por el Sistema Euro y su dependencia financiera del Banco Central Europeo. Este fondo-látigo, quiere introducirse en los Tratados con el fin de emplearlo a cualquier país de la UE en que se considere oportuno aplicar. Se trata de un instrumento financiero de gran envergadura, complementario al presupuesto europeo, y que sería el precursor de un venidero Tesoro Único.
El MEDE emplea, como otros numerosos fondos establecidos a escala europea –como el Plan de Inversiones para Europa, conocido como Plan Juncker-, los llamados instrumentos financieros. Estos fondos aprovechan instrumentos de apalancamiento financiero. Se financian con la emisión de bonos titulizados destinados a los mercados financieros y que cuentan con garantías y avales públicos. Una aportación limitada de recursos públicos, que tratan de dar seguridad a las inversiones privadas en caso de fracaso, permite incrementar el fondo varias veces. En el caso del Plan Juncker las inversiones privadas a largo plazo cuentan con protección pública contra el riesgo –con origen en el presupuesto de la UE y el Banco Europeo de Inversiones-, contribuyen a dar viabilidad conjunta a aportaciones financieras fragmentadas, y proporcionan una rentabilidad facilitando al ahorro (y el capital) privado a bienes raíces e infraestructuras en un proceso de acumulación por desposesión donde lo público da cobertura a la iniciativa privada. En el caso del MEDE directamente el mismo esquema se emplea para que se rescaten entidades financieras nacionales y se comprometa a los Estados a devolver su coste con los intereses correspondientes, más la aplicación de duros programas de ajuste macroeconómico, laboral y social, selladas en condicionalidades consagradas en Memorandos de Entendimiento. En suma, con la cobertura de garantías públicas, el capital privado puede obtener una nueva fuente de excedente en base a la explotación de países enteros, en general, todos ellos de las periferias europeas.
Para completar esta Unión Financiera, se desarrolla la regulación de la Unión de Mercados de Capitales que incluirá medidas que faciliten las transacciones a este nivel (titularización, regulación de instrumentos financieros, etc....). Se deriva de la necesidad de dotar a esos fondos de cierta capacidad financiera el establecer mecanismos que dinamice la conversión de recursos de ahorro hacia la financiación e inversión en estos esquemas de titularización y apalancamiento.
Dentro de este capítulo también se desarrolla la Unión Bancaria (que incluye instrumentos o iniciativas como el Mecanismo único de Supervisión, el Fondo de Único de Resolución, o un futurible Sistema común de Garantía de depósitos). Entraña un proceso de transferencia de la competencia de supervisión de los Bancos Centrales nacionales al Banco Central Europeo. Mediante el Mecanismo Único de Supervisión, el BCE y otras entidades próximas con las que coopera (Junta Europea de Riesgo Sistémico, Autoridad Bancaria Europea, Mecanismo Único de Resolución) ejercen directamente la supervisión sobre 120 grupos financieros. Lo que supone un total de 4.700 entidades financieras de los Estados miembros participantes y un 85% de los activos bancarios de la zona euro. Las ANC (los bancos centrales nacionales) seguirán supervisando el resto, unas 3.500 entidades bancarias. El MUS focaliza la supervisión sobre las denominadas entidades significativas. Lo cual excluye a buena parte de entidades pequeñas y medianas, especialmente de países grandes como Alemania, que seguirán siendo supervisadas por el Bundesbank. Dicho de otra forma, su perímetro de supervisión es el sistema financiero situado en la zona euro, dejando aparte especialmente a buena parte de las entidades financieras medianas y pequeñas de los países económicamente más potentes. En suma, el BCE, en cuyo gobierno tiene una gran ascendencia las principales superpotencias centroeuropeas, centralizará más competencias de supervisión, respondiendo a ese diagnóstico que reina prejuiciosamente entre los analistas de las grandes multinacionales y gobiernos centroeuropeos: son los actores periféricos los culpables y no las instituciones creadas o las políticas convencionales hasta ahora ejecutadas.
El esquema exige parámetros de capitalización para que las entidades de cierto tamaño alcancen un nivel de solvencia que garantice su viabilidad. En caso de dificultad, tras la realización de test de stress[11], estas son las pautas a seguir:
1)     En primer lugar recurrir a emisiones de capital.
2)     Si no es así se plantea la venta de activos, o la provisión de riesgos y deducciones de capital extraordinarias (ventas de activo de carteras y venta de filiales), como medidas de desapalancamiento y reestructuración.
3)     Compensaciones con beneficios no distribuidos.
4)     Como última solución se recurrirá a rescates públicos.
Esto supone exigir un mayor esfuerzo al accionariado (ampliando capital, no distribuyendo dividendos, o destinando beneficio a fortalecer el capital social), o plantear una reducción del tamaño de las entidades. Sigue sin atribuírsele adecuadamente la responsabilidad apropiada a determinados acreedores -que obteniendo réditos iguales que los del accionariado, no asumen el riesgo igualmente, cuando en ocasiones juegan un papel parecido, incluso en el orden de las decisiones en determinados casos-. No se propone una intervención de carácter global (que implicase una regulación del funcionamiento bancario –coeficiente de reserva, regulación de productos bancarios, mayor responsabilidad de determinado tipo de acreedores en tanto que accionariado encubierto, etc…), que condujese a fusiones ordenadas, e inclusive plantease la configuración de un polo bancario público para casos de incumplimiento de la regulación financiera establecida. En cambio, se plantea un esquema de ajuste individual de cada banco, para propiciar la caída de bancos insolventes, mayormente de la periferia europea, para que no contagie a bancos centroeuropeos ni se tenga que emplear el MEDE en determinados casos. Sin embargo, es posible que en más de un caso, y puede que en varios bancos sistémicos, acabará recurriéndose al MEDE, como fórmula de rescate público europeo, ejecutándose a escala europea una operación conocida y practicada a nivel nacional –la socialización de pérdidas y deudas privadas-, que ahora se multiplicará a escala continental, pero ya sin tener que asumir el coste de rescatar bancos que no se encuentran en los países centrales.
Así, las medidas aplicadas tienen varios propósitos:
a)     que los actores económicos de los países más fuertes determinen las condiciones de funcionamiento del resto –pues parte del sistema bancario intermedio, en especial las cajas alemanas, queda al margen de la supervisión-,
b)     Que en caso de bancarrota en la banca periférica, se establezcan cortafuegos para evitar el contagio a la banca de centroeuropea, haciendo caer primero a los bancos menos viables, y minimizando la actuación mediante el MEDE.
c)     Tratar de tranquilizar a los mercados financieros, dando condiciones de confianza para que se aporte capital a los bancos con cuentas maltrechas,
d)     y legitimar un eventual macrorescate bancario europeo bajo unas condiciones ordenadas, que podría producirse si uno o varios bancos sistémicos caen, pero ya sin el sobrecoste de una parte de la banca periférica que, con las reglas establecidas, ya se habría sometido anteriormente a adquisiciones, reestructuraciones, concentraciones o cierres. Esto volvería a sacrificar al erario público y recaería sobre la espalda de los y las trabajadoras y demás contribuyentes efectivos, a una mayor escala que la hasta ahora conocida. Y sosteniendo a banca en riesgo de los países centrales, alguna de ella probablemente de carácter sistémico.
Para refinar el papel de la política monetaria y dar mayor vigor al euro en el mundo se establecería, a su vez, una representación exterior única de la zona euro, a tal punto de poder competir en los foros internacionales con otras divisas.
El informe, como colofón, habla de "responsabilidad democrática". Esto equivale a que una vez que se haya desarrollado económicamente el modelo que se propone se culminaría con una recentralización de la legitimación política en el Parlamento Europeo, y una coordinación de los parlamentos nacionales con el Parlamento Europeo. Esto supone, a sabiendas del papel subalterno del Parlamento respecto del Consejo y la Comisión –y quizá a partir de ahora del Eurogrupo como actor líder-, una degradación de la democracia económica y la quiebra de la soberanía nacional o popular.

4. La experiencia griega.

El proyecto de refundación anteriormente descrito se impulsa en medio de la crisis del Euro, de la deuda y el episodio griego, tras varias crisis financieras que exigieron “rescates” a Chipre (2013), Rumanía (2011 y 2013), siendo los de mayor envergadura los casos de Grecia (2010, 2012 y 2015), España (2012), Irlanda (2010) y Portugal (2011), por al menos 493,92 mil millones de euros[12]. El caso griego (2010, 2012 y 2015) muestra a las claras los límites a la democracia nacional y la soberanía popular en el marco del Sistema Euro, que, gobernado por el Eurogrupo, institucionalmente irregular –y fuera de los tratados europeos-, en modo alguno puede caracterizarse como un marco democrático de toma de decisiones. La posibilidad de reedición de estos episodios y su extensión a más países de Europa en una próxima recesión (Roberts, M.; 2015) es posiblemente el desencadenante que haya hecho replantearse la estrategia de las clases dirigentes centroeuropeas para gobernar Europa.
No es casual que en la intención del proyecto del informe de los cinco presidentes sea incorporar a los tratados el papel de liderazgo del Eurogrupo y el fondo-instrumento del MEDE. Lo primero implica una vez más subordinar al Parlamento Europeo (no sólo anular las competencias de los parlamentos nacionales). Lo segundo equivale a dotar de un látigo financiero de dominación para rescatar banca en situación de insolvencia y condicionar la política económica de los países con problemas sistémicos de deuda.
Ya se han experimentado operaciones mal llamadas de rescate bien conocidas en países periféricos. Los casos irlandés, español, chipriota y griego son emblemáticos de como con fondos europeos se han impuesto políticas de ajuste en el ámbito social, laboral y público, al mismo tiempo que el aparato del Estado proveía fondos para el sostenimiento del sistema bancario privado, en ocasiones con drásticas regulaciones que condujeron a procesos de concentración inauditos, o de entrega del sistema de cajas de ahorro al sistema bancario privado, como en España.
En el caso chipriota, la intervención no sólo se conformó con instaurar medidas de ajuste, también seleccionó, en el proceso de caída bancaria, los actores pagaderos de la bancarrota, con especial impacto en acreedores internacionales –rusos, especialmente- que no fueron advertidos de la reestructuración –cuando otros europeos sí lo fueron- y depositantes con cuentas de determinado tamaño, incluyendo medidas extraordinarias de control de movimiento de capitales –lo que expresa el doble rasero de las instituciones europeas que, cuando lo hace manera ventajista, no tiene inconveniente en aplicar medidas hasta ahora tabú en otros lugares.
En el caso griego, como se ha dado cuenta sobradamente en los informes del Comité de la Verdad de la Deuda Publica griega (Toussaint, E. et al; 2015), las diversas operaciones fueron más complejas aún. Las condicionalidades aplastaron la economía griega un 25% del PIB en el periodo 2010 y 2015, sustituyeron a la banca privada centroeuropea como acreedora por fondos de instituciones europeas o del FMI y diversos acuerdos multilaterales, para hacer que la deuda pública estuviese en un 80% en manos de instituciones públicas europeas, cuyo respaldo recae principalmente en las contribuciones fiscales de las clases productivas. El nuevo memorando de entendimiento profundiza esta relación y mismo camino, con un gobierno de izquierdas que gestiona la austeridad en términos más duros que ejecutivos conservadores anteriores.
La experiencia griega advierte de algunos límites del proyecto europeo y muestra las orientaciones de los poderes fácticos europeos. El estancamiento económico europeo y la crisis de la viabilidad del euro en determinados países, erosionando la credibilidad de la divisa, sostenida por pies de barro en el campo financiero y de su pésima integración real como área socioeconómica, y el ascenso de fuerzas políticas que cuestionan el esquema desde posiciones antagónicas en varios países, sitúa el punto de partida de lo que aquí consideramos un proyecto de refundación neocapitalista de la Unión Europea para los próximos años.
Algunas de las conclusiones de la experiencia indican algunos factores y tendencias. Por un lado, los gobernantes de los países centrales, que responden a los intereses de los poderes financieros transnacionales de su área geográfica, han sido cautelosos para atender tanto a las expectativas de sus electorados –convencidos de que su posición de privilegio responde a méritos acumulados-, presionar al gobierno griego con todas las armas financieras a su alcance, y evitar la desmembración de la eurozona. Para ello han empleado mecanismos de extorsión económica que han convertido a un país en protectorado desactivando las decisiones tomadas por un pueblo en las elecciones de Enero de 2015, y el Referendo del pasado Junio.
En este episodio se ha dejado claro el modelo autoritario de la Unión Europea, comandado por el Eurogrupo –una instancia que representa a los países, al margen de las instituciones oficiales europeas- y los planes económicos para someter a los países que quieran pertenecer al área de la Eurozona. Un modelo que impide autonomía decisoria en materia presupuestaria, fiscal, laboral, social, financiera y monetaria a los Estados Miembros desplazados a papeles subalternos en la división internacional que se ha pautado desde las grandes compañías transnacionales privadas, y el tándem cómplice de lobbies y la mayoría de gobiernos. La lección extraída es que a partir de este episodio se ha querido cancelar los márgenes de maniobra en competencias económicas nacionales fundamentales a todos los países periféricos.
El papel del EFSF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) y lo que es ya el ESM (Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera, siguiendo sus siglas en inglés), más aún si se incorpora a los Tratados Europeos, muestra el camino para la formación de lo que sería un singular tesoro europeo con el firme propósito de estabilizar la eurozona, en particular su sistema financiero, y emplear los recursos públicos para pautar las políticas económicas nacionales, y anticipando un modelo de unión fiscal alejado de cualquier esquema redistributivo o democrático.

5. El carácter del presupuesto de la UE y sus modificaciones.
El proyecto de refundación para Europa ya refleja algunas tensiones en los debates y decisiones en uno de sus instrumentos principales: su propio presupuesto.

5.1. El lado de los ingresos.
El examen del sistema fiscal interno medio de los países de la UE nos advierte de un peso específico mayoritario de los impuestos que gravan el trabajo, seguidos por el peso de los impuestos indirectos, que son regresivos. Los impuestos sobre el capital apenas representan en la UE el 20,8%, lo que muestra que los sistemas fiscales de los Estados miembros no responden a la proporción en la distribución del ingreso que comporta el peso de la masa de beneficios, muy superior al 20% en las rentas nacionales –en varios países puede alcanzar en torno al 50%-. En definitiva, los regímenes tributarios de los Estados Europeos son regresivos y se soportan sobre las rentas del trabajo o sobre los gastos de consumo, que en mayor medida se originan asimismo en las rentas del trabajo.
Ingresos fiscales por función económica UE-28 2012 %del total fiscal

%
Capital 
            20,8   
Trabajo
            51,0   
Consumo (17% IVA)
            28,5   
 Fuente: Parlamento Europeo en base a Eurostat.

En términos comparados, el presupuesto de la Unión Europea, con un sistema que no ha cambiado apenas, siendo bastante estable tiene una composición que no mejora la base regresiva anterior. La aportación mayor proviene, con un 74,3% de un porcentaje aplicado sobre el PNB, y la segunda partida procede de recursos tradicionales procedentes de impuestos indirectos sobre la producción como son los aranceles, derechos agrícolas o impuestos sobre el azúcar, en un 10,3%, y en tercer lugar una aportación en base al IVA que alcanzaba el 9,4% del presupuesto en 2013.
Porcentaje de ingresos según fuente. Año 2013
%
Recursos propios basados en el IVA
9,38
Recursos propios basados en la Renta Nacional Buta
73,71
Recursos propios tradicionales
10,28
Excedentes años anteriores
0,7
Otros ingresos
5,82
Fuente: EIPA, Abril 7, 2015 -www.EIPA.EU
Los recursos propios se componen de recursos tradicionales, de los cuáles se quieren reducir en un 10% en los costes de su recaudación, la Tasa de Transacciones Financieras (aún sin funcionar), un porcentaje del IVA sobre bienes y servicios, sujeto a un ratio estándar en los países miembros, y el principal, que procede de un pequeño porcentaje de la Renta Nacional Bruta de cada país. A ello se le resta un cuantía a tanto a alzado (rebate) a Alemania (2500 millones de euros), Holanda (1050 millones) Suecia (350 millones) y Reino Unido (3600 millones). Hasta 12 Estados Miembros, de los 28, un 43% del total, disfruta acuerdos específicos en sus aportaciones, y no se ha previsto un cambio en el periodo 2014-2020. Los casos más extremos son los de Luxemburgo y el Reino Unido, cuyas aportaciones están muy por debajo de la media del esfuerzo por persona.
La estabilidad del presupuesto está sujeta a un límite regulado. La evolución del presupuesto europeo está bajo control, con un techo establecido para todo el periodo 2014-2020. Este le exige un máximo de compromisos que no puede superar el 1,29% del RNB de la EU y un 1,23% de pagos en los mismos términos, impidiéndosele acumular déficits. No sólo es un presupuesto reducidísimo, sino que apenas puede desempeñar un papel amortiguador del ciclo. Comparando el porcentaje del ingreso que proviene del IVA, en el presupuesto europeo esta fuente es mucho menor, puesto que mientras que en los Estados equivale en torno al 17% de los ingresos en el presupuesto europeo es del 9%. Aún así, el peso muy superior de los ingresos que proceden de un porcentaje del RNB no consigue corregir el efecto regresivo del Sistema fiscal de los Estados.
Una forma de aproximarse a la cuestión redistributiva, de manera primaria –sin atender a la distribución del ingreso al interior del país- es observar la aportación media que se hace por persona. Es evidente que las contribuciones de los Estados Miembros no responden a la renta per cápita correspondiente.
Si hacemos balance global, la aportación de los Estados Miembros al presupuesto equivale al 0,95% de la renta per cápita en términos medios en la EU-28. Ahora bien, la renta per cápita de los países de la Unión Europea es muy desigual, sin mirar siquiera las diferencias en la estructura social interna de cada uno de ellos. Entre los países más ricos están Luxemburgo, que prácticamente dobla a los siguientes con mayor nivel de renta: Dinamarca, Suecia o Austria. La diferencia entre este segundo grupo, con el grupo con menor nivel de renta, que incluiría a Bulgaria, Rumanía, Hungría o Croacia es también notable, entre 4 y 8 veces más renta per cápita.
Sin embargo, las aportaciones nacionales, sin mantener una distancia enorme entre sí en términos porcentuales –entre el 0,93%[13] y el 1,06% están la inmensa mayoría de países- tampoco responden a criterio distributivo alguno. Pero hay excepciones que se salen de ese umbral. Llama poderosamente la atención que tras Croacia (0,53%), sea precisamente Luxemburgo el país que aporta menos en términos de porcentaje de renta per cápita, con apenas un 0,68%. Y que Holanda (0,79%) o el Reino Unido (0,76%), países bien dotados económicamente, también estén entre los que menos contribuyen.
Son Malta, Letonia, Francia y Bulgaria los que llegan a aportar un 1,06% de su renta per cápita, en el tope de todos los Estados Miembros. Cabría preguntarse el porqué de esta desigualdad y hasta qué punto es justo que haya países con un tratamiento fiscal más ligero que el resto, entre los que están Dinamarca, Alemania, Irlanda, Croacia, Chipre, Luxemburgo, Holanda, Austria, Eslovenia, Suecia y Reino Unido. Esto sin tener en cuenta que cualquier esquema redistributivo debiera plantearse bajo un esquema progresivo y por persona, que contemple la capacidad económica de los diferentes países.

5.2. El volumen y orientación del gasto.
El presupuesto de la UE es extraordinariamente pequeño, en torno al 1% del PIB, si lo contrastamos con el de otras regiones continentales comparables (EEUU contaba en 2015, según AMECO, con un presupuesto público del 37,6% de su PIB). El presupuesto de la Unión Europea es asimismo muy bajo si lo comparamos con el peso específico de los Estados Miembros. El peso del presupuesto nacional alcanza en torno al 46 o 47%. La mayor parte de los recursos públicos están concentrados a nivel estatal nacional.
El presupuesto de la Unión Europea ha adoptado un tamaño en términos absolutos no desdeñables pero en términos relativos sumamente exiguo. Además, un 80% se revierte en programas que finalmente ejecutarán los Estados miembros. Los fondos para incrementar la integración europea son de escasa dimensión, más allá de que puedan ser significativos en determinados países de reducido tamaño. Gran parte de los programas se destinan a introducir dinámicas concordantes con la construcción de un mercado único, rentable y flexible para el capital europeo.
Se arrastra una inercia en el presupuesto, que es tanto rígido para que no pueda crecer, como también es relativamente inflexible en su composición interna, limitado por las competencias de la Unión Europea, y las dinámicas que inmovilizan su composición interna.
Las partidas más importantes, desde hace años, están en el capítulo agrícola[14], denominado de diversas formas, y que a veces ha sufrido más cambios en su nombre, embelleciendo su rúbrica y ligándola al medioambiente, que en su realidad.

% PRESUPUESTO DE LA UE

2014
2015
Competitividad para el crecimiento y el empleo
11,55
12,08
Cohesión económica, social y territorial
33,29
33,89
Crecimiento sostenible: recursos naturales
41,48
40,48
Seguridad y Ciudadanía
1,52
1,48
Europa Global
5,83
5,75
Administraciones
5,89
5,96
Instrumentos especiales
0,41
0,35
Otros
0,03
0,01
Autorizaciones –compromisos de crédito- (millardos de euros)
142,3
145,3
Compromisos de Pagos (Millardos de euros)
139
141,2
Fuente: EIPA, Abril 7, 2015 -www.eipa.eu



Compromisos de Pagos Presupuesto de la UE. Millones de Euros. 2015
Y
X
Y - X
%X

2014
2015
%
%
Presupuesto final adoptado
Borrador de Presupuesto Corregido 8
1b Cohesión económica, social y territorial
51.124,73
51.372,07
0,48%
36,36
2 Crecimiento sostenible: recursos naturales (principalmente política agrícola)
56.443,75
55.978,78
-0,82%
39,62
3 Seguridad y Ciudadanía
11.665,51
1.926,97
15,70%
1,36
4 Europa Global
6.840,9
7.478,23
9,32%
5,29
5 Administración
8.405,39
8.658,63
3,01%
6,13
6 Compensaciones
28,6
0,00
-100%
0
Otros instrumentos especiales
350
384,51
9,86%
0,27
Total
139.034,23
141.280,42
1,62%
100
Fuente: Elaboración propia a partir de la Comisión Europea

La metamorfosis del presupuesto, en ocasiones, es nominal. Las partidas ligadas a estrategias de promoción de un mercado competitivo, empiezan a llamarse “inteligentes”, o las referidas a la agricultura y ganadería, refieren a los recursos naturales y la sostenibilidad.

5.3. El presupuesto, ¿Cambio de tendencia?.
Sin más pretensión que identificar los debates que se están abriendo en el curso de esta refundación para la UE, mostramos algunas discusiones que, en gran medida, surgen de la agenda del Informe de los 5 presidentes, tratando de señalar las razones subyacentes y sus probables implicaciones.
Debemos hacer notar que el presupuesto de la UE no es más que una parte de los recursos públicos supranacionales que están impulsando el área económica europea occidental. Una miríada de acuerdos, fondos e instrumentos intergubernamentales disponen de recursos adicionales, cuya evaluación queda al margen de los instrumentos de auditoría de la UE (el Tribunal de Cuentas) y su uso se decide entre los gobiernos que participan en ellos en función de su aportación económica, en un espacio paralelo que, sin reconocimiento en el marco institucional europeo, de facto contribuyen a construir el proyecto europeo sin estar obligados a atender las regulaciones aprobadas, pero frecuentemente influyendo en la marcha del proyecto europeo. Puede afirmarse que la mayor parte de las iniciativas de construcción del área económica europea responden a este “presupuesto en la sombra” cuyas dimensiones probablemente superan el peso del que son responsables las instituciones reconocidas: el Consejo, la Comisión y el Parlamento Europeo. Se trata de iniciativas de diversos gobiernos que no tienen problema alguno en aspirar en los Tratados mecanismos como el MEDE porque pueden imponerlo, al mismo tiempo dificultarían cooperaciones reforzadas (que exige la participación de al menos 8 países) si no son aprobadas a escala de la UE, con el objeto de que ninguna de estas iniciativas diverjan en su naturaleza del proyecto de una Europa del capital que las clases dirigentes europeas llevan poniendo en práctica desde sus inicios.
Entre los debates al orden del día, y que ya no se centraría únicamente en el lado del gasto, está el planteamiento de una mayor dotación de recursos al presupuesto de la UE para hacer frente a los numerosos retos que se le plantean: combatir el estancamiento, hacer frente a una crisis financiera, el aumento de la movilidad de personas y la crisis de refugiados, retos en las relaciones internacionales, posibles crisis energéticas y climáticas o la aparición de supuestas nuevas amenazas. Lo novedoso en esta ocasión es que numerosas fuerzas hasta ahora comprometidas con un presupuesto limitado estarían abiertas a su crecimiento, con el objeto de evitar o encauzar las migraciones, fortalecer la capacidad securitaria de la Unión o tratar de sostener la credibilidad financiera y monetaria del euro.
Esta dotación adicional de recursos, para finalidades diferentes a un esquema de atención a las necesidades sociales, se plantea con un propósito racionalizador y de ordenamiento del mercado europeo, favorable al capital transnacional. A este respecto, por ejemplo, la unión fiscal, que podría implicar, más allá de la armonización de algunas bases fiscales de determinadas figuras impositivas, nuevos recursos propios a la UE, se vería, probablemente, compensado con reducciones en la presión fiscal a nivel nacional. Impuestos indirectos armonizados quizá tendrán más predicamento, de proseguir los gobiernos actuales, frente a otras fuentes de recursos como el impuesto de transacciones financieras o impuestos ambientales, aunque también se podría recurrir a aumentar las aportaciones ligados a la Renta Nacional Bruta, a cambio, como hemos indicado, de reducir la progresividad y la presión fiscal a escala nacional. El informe de los 5 presidentes ya prevé recentrar competencias para pautar las reformas fiscales y presupuestarias nacionales.
Conviene recordar que una primera mutación del presupuesto europeo para contribuir al llamado Plan Juncker, o Plan de Inversiones para Europa[15]. Se destina del presupuesto europeo un total de 8.000 millones de euros, que se sumarán a otros 5.000 millones procedentes del Banco Europeo de Inversiones, para conformar un fondo de garantía y respaldar la emisión de títulos en los mercados financieros privados, haciendo posible, mediante apalancamiento, y confiando en que pueda reunir fondos de pequeños ahorradores dispersos, multiplicar el capital disponible para financiar iniciativas de inversión de largo plazo. Algunas partidas se verán afectadas. El modelo planteado, extendido ya para el impulso de otras iniciativas, recurre a un modelo de titularización de bonos que permite acceder a la iniciativa privada a inversiones –algunas de ellas con un carácter de potencial interés general- en la que, con un riesgo muy bajo –porque han de ser inversiones “seguras y rentables”, en tanto están respaldadas públicamente, se puede obtener un lucro, si bien a un nivel no excesivamente alto. Los problemas de este modelo de financiación de la inversión, más allá de la propaganda en su favor, son varios: termina financiando iniciativas que de hecho se iban a hacer igualmente, en general de grandes empresas centroeuropeas; no contempla un modelo de inversión redistributivo para sectores innovadores potenciales o en territorios que requieren una reactivación para superar carencias sociales; confía en la iniciativa privada proyectos que por su naturaleza sería más conveniente una mayor intervención pública; y, especialmente, difícilmente resolver la crisis de inversión en tanto que la iniciativa privada sigue sin disponer su capital cuando las tasas de rentabilidad permanecen bajas, inseguras o con perspectivas de caída. Sin duda alguna, la inversión forma parte de las posibles soluciones, pero este plan adolece de numerosas carencias de diseño, modelo de financiación, selección de proyectos así como de volumen, para realmente constituir el impulso necesario.
En fase de discusión, sin haber tomado aún decisión alguna[16], se abre la revisión[17] del Marco Financiero Plurianual (MFF) que establece diferentes márgenes que topan el desarrollo del Presupuesto Europeo. En primer lugar, impide, por un periodo de 7 años que el presupuesto se desvíe de unos topes máximos establecidos. También se establecen líneas para que los recursos no puedan transferirse de un encabezado a otro del presupuesto, con lo que apenas deja escaso margen para modificar las asignaciones al interno de cada gran rúbrica (heading), dejando poca maniobra a los instrumentos de flexibilidad. Se facilitan algunos márgenes determinados por techos, pero en proporciones muy pequeñas, dentro de cada rúbrica, y, sólo algunos fondos excepcionales de solidaridad se habilitan para casos de emergencia o catástrofe. Fondos que únicamente se activan en caso de que se produzcan y se soliciten. La revisión, más allá de la modificación dentro de este esquema, es sumamente complicada dado que requiere apoyos de la mayoría del parlamento y mayoría cualificada en el Consejo. Pero podría darse el caso que asistiéramos a algunos cambios para facilitar incrementos en los topes y techos, o acortar el mandato del MFF a cinco años, por ejemplo. La burocracia de Bruselas y las nuevas circunstancias políticas podrían propiciarlo, siempre y cuando se soslayen las resistencias de algunos Estados miembros y las fuerzas políticas emergentes, en diferentes espectros del arco político, que o bien aspiran a un esquema meramente intergubernamental o de refugio nacional, que recelan de unas instituciones europeas más fuertes, o que sencillamente se opondrían a un modelo austeritario y antidistributivo a escala europea.
Otro debate, menos público y más desdibujado, es el que propondría un presupuesto para la eurozona. Las implicaciones son inciertas, pero nos tememos que podría consagrar una división de recursos y toma de decisiones que afianzaría una Europa económica a varias velocidades. Ni que decir tiene que la formación de un presupuesto sólo para los países de la Eurozona discriminaría a los países de la UE que no estarían en dicho club y supondría un problema de segregación política del Parlamento Europeo, que ocasionaría la formación de una cámara selectiva para los miembros que perteneciesen a la zona euro. Cabe preguntarse por la utilidad de dicho presupuesto, pero quizá la pista, una vez más, sería el uso del MEDE, como precursor de un Tesoro Europeo, que, como vemos, está preñado de un objetivo de estabilización financiera que soporte la credibilidad de la divisa europea, y que no atendería a otras prioridades sociales, en principio. El debate está abierto, porque en ese diseño podrían caber elementos correctores menores, como un seguro de desempleo europeo, o un mecanismo de garantía de depósitos, compatible con costes medios menores a los sistemas actuales y capaces de amortiguar algo una crisis financiera o desempleo fuerte a pequeña escala y de manera localizada.

6. Otra Europa es posible
Realmente los tiempos de crisis que atravesamos están repletos de paradojas. Las clases dirigentes no siguen fielmente el viejo ideario neoclásico tal y como esperamos. La burocracia de Bruselas puede estar impulsando un nuevo papel recentralizador que dé más peso a las instituciones europeas en el gobierno económico del continente. La izquierda clásica, europeista hasta la ingenuidad -básicamente por su crítica débil a la UE-, se encuentra con que parte de sus argumentos son arrebatados por la extrema derecha -políticas sociales, proteccionismo, soberanismo-, y la derecha liberal -recentralización de competencias en Europa y mayor peso del presupuesto europeo- y ha quedado encerrada en una denuncia abstracta del capitalismo o una práctica de solidaridad que refiere meramente al alivio sus consecuencias.
Ni que decir tiene que un modelo idóneo de desarrollo propondría un avance institucional y económico a escala internacional. La izquierda clásica viene defendiendo un crecimiento del Estado para revertir las disfunciones del mercado. Sin embargo, la experiencia nos señala que el desarrollo rentable de los mercados para las grandes compañías ha exigido una importante intervención y regulación del Estado, que el desarrollo capitalista ha exigido una articulación entre modelos determinados de Estado compatibles con modelos particulares de mercado (lucrativos). Debemos tener presente que no toda recentralización y crecimiento del Estado presuponen una mayor democratización y redistribución económica, que el Estado en el capitalismo persigue una función de dar orden a los mercados, proteger la propiedad privada e intereses de las grandes corporaciones. Es decir, tenemos que pensar en otra articulación entre Estado, Mercado y entidades productivas, así como en otro carácter para estas instancias.
La experiencia griega y el Informe de los 5 presidentes rompe cualquier ilusión de margen de maniobra significativo -hasta la fecha parte de la izquierda estimaba que, por ejemplo, el límite de déficit del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, podía sortearse con una hipotética reforma fiscal, y no sólo por recortes en el gasto-. Estas experiencias y nuevo proyecto de refundación europea dejan meridianamente claro que los modelos fiscales estarán pautados para no incrementar los costes fiscales al capital (aunque se dice menos de los impuestos al consumo y el trabajo) y, por tanto, el lado en el que operar habrá de ser en el gasto (especialmente social). El Informe, además, plantea también un esquema de socialización de las deudas acumuladas al incorporar el MEDE en los tratados, en una operación de rescate al sistema financiero privado, especialmente centroeuropeo.
Las alternativas políticas se agotan en el marco de la UE. El viejo proyecto socialdemócrata de reformar la UE no es viable, y ningún cambio favorable a las clases populares y trabajadoras se logrará sin tensionar sus estructuras y sin una estrategia de ruptura.
A este respecto, conviene evitar dos extremos. Uno, el ya señalado, de idealización del modelo o el de confiarlo todo a una reforma prácticamente improbable dadas las reglas de unanimidad establecidas y la preminencia del Consejo en el liderazgo de la construcción europea.
La experiencia helena ha sido y será muy dolorosa, tanto en el terreno material como en el político, al no surgir una solidaridad internacional que abrigase una iniciativa de desobediencia, más allá de la falta de proyecto alternativo en caso de un corte de suministro financiero por parte del BCE. Ni que decir tiene que la única alternativa pasa por la construcción de una iniciativa política supranacional organizada, que incluya una estrategia antiausteritaria, y que ponga en pie un modelo cooperativo internacional en los campos de la inversión pública, la colaboración comercial y financiera, de convergencia real y, dado el caso, en caso de fracasar un cambio, algo muy probable, en la UE, la conformación de una nueva área económica y monetaria -sea con algunos países de la UE, con otros de fuera, o una combinación).
Ya se han abierto iniciativas como la de Besancenot (NPA, Francia), Ntavanellos (UP, Grecia) y Miguel Urban (Podemos) para impulsar una conferencia por un "Austerexit"[18], o la Conferencia por un Plan B promovida por varias figuras internacionales (Varoufakis, Melenchon, Konstantopoulou, Lafontaine, Fassina, con el respaldo de los mismos Besancenot, Toussaint y Urbán, etc...)[19]. Ni que decir tiene que estas iniciativas tienen la responsabilidad múltiple de promover un movimiento internacionalista organizado, pero también la obligación de abrir un debate sobre modelos de política económica contra la austeridad que se traduzca en propuestas concretas de prácticas solidarias y políticas concertadas entre países.
Abordar los debates sobre la deuda (reestructuración, impago selectivo, etcétera), cuestionar los pactos fiscales, y desarrollar una convergencia fiscal, laboral y social al alza que habilite un plan de inversión socioecológico altamente creador de empleo (con las reformas laborales de carácter garantista que sean precisas, que incluyan plenos derechos, una reducción del tiempo de trabajo y su reparto, nuevas capacitaciones, o democracia laboral), o una mayor integración de instrumentos económicos que garanticen redistribución y democracia económica, política y social, debiera formar parte de su agenda.
Los objetivos, medidas y caminos a seguir también serán sumamente relevantes en este debate, que ha de abrirse a los sujetos sociales de cambio. Las formas de desobediencia de los corsés creados por el Sistema Euro (Husson, 2012) deben contemplarse. No será equivalente esperar un cambio de mayorías de gobiernos y parlamento europeo, que emprender una iniciativa a escala nacional convocando a otros países a sumarse, que abrir caminos regionales en extensión de cara a construir lazos de solidaridad internacionales. De lo que no cabe duda es que es precisa una alianza de clases populares, en los diferentes "sures" existentes (en la periferia y en el centro) que posiblemente adoptará la forma de un archipiélago de desobediencia con el objeto de poner en pie alternativas y abrir senderos hasta ahora apenas explorados.

7. Bibliografía.
Albarracín, D. (2012) "¿De qué Estado y Mercado me hablas?". Nuestra Bandera Nº231.
Albarracín, D., Álvarez, N. y Medialdea, B. (2013) "La crisis del sistema euro: análisis y alternativas". Viento Sur. http://vientosur.info/spip.php?article8075
Albarracín D. (2016) (Coord.) Plural dedicado a "La refundación de Europa en la postcrisis griega".  Núm. 144 Viento Sur (2016). En edición.
Albarracín, J. (2010) La crisis de la economía de mercado. Maia Ediciones.
Ali, Tariq (2015) El extremo centro. Alianza Editorial
Gutiérrez E. (coord.) Qué hacemos con el euro. Editorial Akal.
Husson, M. (2012) "Economía política del sistema euro". Viento Sur. Núm. 124. http://www.vientosur.info/IMG/pdf/VS125_M_Husson_Economia_politica_del_sistema_euro.pdf
Husson, M. (2013) El capitalismo en 10 lecciones, Los libros de Viento Sur-La Oveja Roja, Madrid, 2013.
Juncker J.P. et al (2015) "Realizar la Unión Económica y Monetaria Europea". http://ec.europa.eu/priorities/economic-monetary-union/docs/5-presidents-report_es.pdf
Keynes, John Maynard (1936) Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. México: Fondo de Cultura Económica, 1947.
Parlamento Europeo (2015) “Financing public expenditure: some key figures at EU and national levels”. http://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2015/490701/IPOL_BRI(2015)490701_EN.pdf

Roberts, M. (2015) “¿Entrará la economía mundial en una próxima recesión el próximo año?.” Revista Sin Permiso.  http://www.sinpermiso.info/textos/entrara-la-economia-mundial-en-una-nueva-recesion-el-proximo-ano
Shaikh, A. (2011) "La primera gran depresión del siglo XXI". http://old.sinpermiso.info/articulos/ficheros/XXI.pdf

Steffen, S. (2015) “Capital Shortfalls in SSM Banks: How much progress has been made?”. European Parliament. Oct 2015.
Toussaint, E. (2015) Bancocracia. Icaria.
Toussaint, E. (coord.) (2015) "Informe preliminar Comité de la Verdad de la Deuda Pública Griega ".





[1] Daniel Albarracín es Consejero Político en el Parlamento Europeo. Es Economista y Doctor en Sociología. El enfoque, análisis e interpretación es de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los datos e información manejados son de acceso público.
[2] Una de las más importantes, señalada por la Teoría Monetaria Moderna, es la de no regular la capacidad de creación de dinero que dispone la banca en el proceso de creación de deuda.
[3] Sin duda alguna, tanto la defensa de una política monetaria expansiva como de una restrictiva sin mayor detalle, sin identificar las circunstancias y condiciones de su puesta en marcha pueden ser igualmente equivocadas.
[4] https://www.youtube.com/watch?v=DYfvAvyi_VU Conferencia pronunciada en Madrid en 2014.

[5] Según el Instituto McKinsey Global la deuda ha pasado de constituir el 269% a alcanzar el 286% del PIB global, entre 2007 y 2014. Hasta un 80% de los países han elevado su nivel de deuda. Ningún componente de la deuda ha dejado de crecer. Mientras la deuda privada empresarial (financiera o no financiera) creció unos 25 puntos del PIB, la pública ascendió un 26% del PIB más, y la de los hogares un 7% más. Los procesos de desendeudamiento han sido excepcionales a escala mundial. El proceso de endeudamiento global sigue implacable. En el ámbito europeo, se intensificó en mayor medida en países como Irlanda (aumentado un 172% del PIB más en 2014 a su ya acumulado 390% en 2007), Grecia (creciendo un 103% a partir de su 317% de inicio), Portugal (un 100% más a partir del 358% original). También en España (que creció un 72% más hasta 2014 a partir de su 313% de 2007), a pesar de haber sido uno de los casos excepcionales donde entre 2007 y 2014 la deuda de las corporaciones privadas, financieras o no, cayó un 2% y un 14% respectivamente. Precisamente uno de los países con políticas de conversión de deuda privada en pública más fuertes.
[6] Sea como fuere, el referendum en el Reino Unido ha podido tener más de arma de negociación para conseguir condiciones ventajosas para su permanencia en la UE que realmente un intento de salida. Pero el referendum está en marcha y nada está predicho.
[7] Y en Ucrania se muestra a las claras el límite físico conflictivo de una mayor extensión, al encontrarse Rusia como rival en Oriente.
[8] No así de movimiento de personas, cada vez con más cortapisas.
[9] Hasta 9 países están bajo el Procedimiento de Déficit Excesivo  en la UE a fecha de Noviembre de 2015, según el Parlamento Europeo.

[10] Según la OCDE en Junio de 2015 la inflación en la Eurozona era nula y para Octubre el FMI la estimaba en apenas el 0,2%, con datos recogidos por el Parlamento Europeo (“Key macreoconomic indicator in the Euro Area and the United States). Noviembre 2015.
[11] En base al último test de stress hasta 10 bancos no lo superaron, especialmente de países periféricos, como Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y Chipre; y hasta cuatro más casi no lo hicieron. Steffen, S. (2015:11)
[12] Según datos del Parlamento Europeo. Briefing “Financial Assistance to EU Member States”, State of Play, May 2015) y considerando que el último rescate griego supuso nuevos 83 mil millones de euros.
[13] Elaboración propia a partir del European Parliament (2015) “Financing public expenditure: some key figures at EU and national levels”. http://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2015/490701/IPOL_BRI(2015)490701_EN.pdf
[14] El porcentaje de recursos destinado a la Política Agraria Común se viene reduciendo con recurrencia en los últimos años, en general para derivar ese presupuesto para medidas de competitividad y, ahora, de carácter securitario. El desarrollo rural con apenas un 8%, y no responde a las aspiraciones medioambientales que sugiere el nombre de su partida. Una reducción que sirve para transferir recursos a la promoción de la competitividad de las grandes empresas, en términos generales. La PAC, no cabe duda, necesita ser repensada por su carácter favorable a los grandes propietarios de la industria agroganadera intensiva y oligopólica. El menor peso de este segmento no ha impedido una continuidad en este carácter. Mientras tanto, la izquierda política ha desarrollado escasamente un plan propio para este sector. Posiblemente el modelo a pensar tendría que responder a preguntas tales como: ¿cómo potenciar la soberanía alimentaria?; ¿cómo impulsar la economía de proximidad para evitar un transporte a larga distancia insostenible?; ¿cómo apoyar al pequeño agroganadero independiente que desarrolle su actividad de manera ecológicamente sostenible?; ¿cómo evitar la dependencia de la cadena de valor agroganadera de la distribución comercial privada que le impone precios que hacen inviable la agroganadería extensiva?; si ha de reducirse el peso de estas partidas en el presupuesto europeo, ¿a qué programas y actividades debiera destinarse esos recursos?.
[15] http://www.consilium.europa.eu/es/policies/investment-plan/
[16] Posiblemente la revisión no tenga mucha trascendencia pública, para impedir un debate más amplio y profundo y limitarla a determinados ajustes sujetos a los objetivos del establishment y la gran coalición que domina las instituciones europeas.
[17] Probablemente quedará más en una “review” (modificación leve) que en una “revision” (reforma en profundidad) siguiendo los conceptos en inglés.
[18] http://blogs.publico.es/dominiopublico/14507/austerexit/
[19] http://cadtm.org/Por-un-plan-B-en-Europa

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